Homo Vagans

Gray pride

¡El programa temporal ha sido un fracaso! Aun así, hay quienes planean prolongar la exploración de esas pestilentes y salvajes tierras a pesar de la decepción.

Y la decepción no es porque no hayamos averiguado mucho más de lo que saben nuestros vástagos gracias a las leyendas que nosotros, como tradición, les hemos transmitido. Al contrario, nuestra avanzada ciencia no necesita alimentarse de curiosidades marginales ni nada que no nos sea asignado. El programa era totalmente una banalidad, fruto de la nostalgia, enemiga del progreso. ¿Para qué saber más si Ella ya lo sabe todo y nos lo hará saber cuando la consultemos?

Las dificultades técnicas tampoco son la decepción. Hace tiempo que los cálculos corocrónicos apenas los entendemos y debemos confiar ciegamente en la Inteligencia de nuestras naves. Por eso ocurrieron tan lamentables accidentes cuando se quiso manipular el curso para aterrizar en lugares prohibidos debido a la presencia de nativos incivilizados y hostiles. No obstante, una vez más, ¿qué sentido tenía desconfiar de Ella y emprender tales aventuras si el progreso está en el futuro?

La verdadera decepción es un atentado estético y psicológico. Es degradante y sumamente antipositiva la calificación que recibimos cuando nos vieron: «¡Qué feos!». Y es que nuestra identidad puede ser cuestionada hasta por nosotros mismos, pero no nuestra belleza. ¡Y que lo digan ellos! No soporto la fobia que expelían tan solo con imaginarnos... como si fuéramos criaturas de otro planeta. Feos los moluscos subterráneos de Marte, feas las bolas grasientas del sistema de Sirio... Pero ¿¡por qué nosotros!?

Yo ya no vuelvo a viajar; no me apetece toparme con repugnantes retrógrados. ¡Yo no estoy feo y no estoy dispuesto a angustiarme por el mal gusto de los humanos del siglo XX!


Manuscrito V
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